Introducción
Prólogo
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Tom Stoppard, Jumpers (1972) (Ley II)
En la primera década del siglo XXI, el clamor por reformas y el establecimiento de gobiernos
democráticos continuaron sin descanso en todo el mundo. Al inicio de la segunda década, estas
demandas se han convertido en un grito a todo pulmón, o tal vez sería mejor decir atronador. Muchos
movimientos de reforma tuvieron éxito y pusieron fin a regímenes bien establecidos que eran
claramente antidemocráticos. Sin embargo, los líderes de estos movimientos de reforma enfrentan un
inevitable dilema: ¿cuál es el siguiente paso? La realidad es que ese siguiente paso es, con frecuencia,
difícil ʹ el establecimiento de una forma democrática de gobierno. Una analogía con la vida familiar
puede ser útil para explicar mi idea. Es mucho más fácil para los miembros de una familia ponerse de
acuerdo para derribar su vieja casa que en lo relacionado con el diseño de su nueva casa. El reto que
enfrenta todo movimiento de reforma exitoso es ¿cómo diseñar un gobierno democrático que
realmente funcione? Con frecuencia, el debate es tan básico como la propia definición de democracia. Si
este debate no se resuelve con rapidez, puede provocar el fracaso.
ů ƚĠƌŵŝŶŽ ͞ŐŽďŝĞƌŶŽ ĚĞŵŽĐƌĄƚŝĐŽ͟ ƐĞ ĚĞĨŝŶĞ ĐŽŵŽ ͞ů ŐŽďŝerno ejercido por el pueblo, ya sea de
ŵĂŶĞƌĂĚŝƌĞĐƚĂŽĂƚƌĂǀĠƐĚĞƌĞƉƌĞƐĞŶƚĂŶƚĞƐĞůĞŐŝĚŽƐƉŽƌůŽƐĐŝƵĚĂĚĂŶŽƐ͟;ůĂĐŬ͛Ɛ>ĂǁŝĐƚŝŽŶĂƌLJ͕ϰϵϳ͘
Novena edición, 2009). En esencia, se trata de un gobierno del pueblo, ejercido por el pueblo y para el
pueblo. Existen ciertos principios generales que son esenciales para la democracia. Entre ellos se
encuentra el principio de que todas las personas son iguales y el principio de que todos los seres
humanos tienen ciertos derechos y libertades inalienables. Una de las libertades más fundamentales es
el derecho a elegir a las personas a las que se confiere el poder soberano. La gente desea vivir en una
sociedad civil, democrática y ordenada con leyes justas que se aplican de manera uniforme. Para lograr
este objetivo en una democracia, el pueblo voluntariamente renuncia a ciertas libertades individuales.
La gente intencionalmente cede algunos derechos individuales a las personas que han elegido para
ocupar cargos donde se ejerce el poder soberano (por ejemplo, funcionarios públicos).
Esta voluntad de otorgar el poder soberano a aquellos que ocupan puestos públicos es un aspecto clave
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tiende a corromper, y el poder absoluto coƌƌŽŵƉĞ ĂďƐŽůƵƚĂŵĞŶƚĞ ƚŽĚŽ͘͟1 Por ello, para que una
democracia tenga éxito, no sólo debe contar con un sistema institucionalizado que regule la forma en
que se confiere el poder soberano a los funcionarios públicos, sino que además, debe tener los medios
pacíficos para revocar dicho poder. Tal sistema evitaría confiablemente la corrupción a la que temía Lord
Acton.
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