BOLETÍN OFICIAL DEL ESTADO
Viernes 13 de febrero de 2009
Sec. TC. Pág. 132
instrumento sean siempre el resultado del ejercicio de la libertad y de la igualdad “reales y
efectivas” de los individuos, como expresamente demanda el art. 9.2 CE».
«Es evidente [decíamos a continuación] que la libertad de presentación de candidaturas
por los partidos (que, por lo demás, en ésta como en sus demás actividades están
sometidos a la Constitución y a la ley, como expresa el art. 6 CE) no es, ni puede ser
absoluta. Ya el legislador, en atención a otros valores y bienes constitucionales protegidos,
ha limitado esa libertad imponiéndoles determinadas condiciones para la confección de las
candidaturas (referidas a la elegibilidad de los candidatos, a la residencia en algunos
supuestos, o incluso a que tales candidaturas hayan de serlo mediante listas cerradas y
bloqueadas). Esta nueva limitación del equilibrio por razón de sexo, pues, ni es la única, ni
carece, por lo que acaba de verse, de fundamento constitucional.»
«La libertad de selección de candidatos por los partidos se ve ciertamente limitada en
razón de todas estas exigencias. La que concretamente ahora estamos examinando
también lo hace. Con todo, esa constricción de la libertad del partido resulta perfectamente
constitucional por legítima, por razonablemente instrumentada y por no lesiva para el
ejercicio de derechos fundamentales. En otras palabras, por satisfacer las exigencias
constitucionales para limitar la libertad de los partidos y agrupaciones de electores para
confeccionar y presentar candidaturas, que en sentido propio ni siquiera es un derecho
fundamental, sino una atribución, implícita en la Constitución (art. 6 CE), que les confiere
el legislador (expresamente apoderado por dicho artículo para efectuarla); legislador que
goza de una amplia libertad de configuración (aunque no absoluta, claro está). La validez
constitucional de estas medidas, como se acaba de decir, resulta clara. En primer lugar
porque es legítimo el fin de la consecución de una igualdad efectiva en el terreno de la
participación política (arts. 9.2, 14 y 23 CE). En segundo término, porque resulta razonable
el régimen instrumentado por el legislador que se limita a exigir una composición equilibrada
… En fin, porque es inocuo para los derechos fundamentales de quienes, siendo sus
destinatarios, los partidos políticos, no son, por definición, titulares de los derechos
fundamentales de sufragio activo y pasivo» (STC 12/2008, FJ 5).
13. También en la STC 12/2008 nos pronunciamos respecto de la posible vulneración
del art. 6 CE en conexión con el art. 22 CE, concluyendo que «aun cuando este Tribunal
ha identificado cuatro facetas o dimensiones del derecho fundamental de asociación
—libertad de creación de asociaciones y de adscripción a las ya creadas; libertad de no
asociarse y de dejar de pertenecer a las mismas; libertad de organización y funcionamiento
internos sin injerencias públicas; y, como dimensión inter privatos, garantía de un haz de
facultades a los asociados individualmente considerados frente a las asociaciones a las
que pertenecen o a las que pretendan incorporarse (STC 133/2006, de 27 de abril, FJ 3)—,
el motivo impugnatorio que ahora nos ocupa no se refiere propiamente a ninguna de ellas
sino más bien a la libertad de actuación externa. Por lo que hace a los ámbitos señalados,
habida cuenta de que la normativa cuestionada no atañe a la vertiente individual del
derecho fundamental, debemos descartar que produzca intromisión en las dos primeras
dimensiones, libertades positiva y negativa de asociación, ni tampoco en la denominada
«dimensión inter privatos» del derecho fundamental de asociación. Igualmente, como
quiera que esa normativa no versa sobre ninguna faceta de la vida interna ordinaria de los
partidos políticos, tampoco existe vulneración alguna de la dimensión relativa a la libertad
de organización y funcionamiento internos». Precisiones éstas tras las que añadíamos
que «la limitación de la libertad de actuación de las formaciones políticas que se plasma
en la normativa controvertida no constituye una vulneración del art. 6, en conexión con el
art. 22 CE. Como ya hemos señalado esa limitación no es en sí misma inconstitucional.
Por lo demás, y en todo caso, el mandato de equilibrio entre sexos que se impone a los
partidos, limitando una libertad de presentación de candidaturas que no les está atribuida
por ser asociaciones, sino específicamente por ser partidos políticos, ha de considerarse
que, incluso desde la perspectiva de que son asociaciones políticas, constituye una
limitación proporcionada y, por tanto, constitucionalmente legítima» (STC 12/2008, FJ 5).
Tampoco fue de advertir infracción alguna de «la libertad ideológica de los partidos
políticos ni su libertad de expresión [arts. 16.1 y 20.1 a) CE]»; en particular, «de la propia
cve: BOE-A-2009-2502
Núm. 38