Adicionó que el sistema de apoyos, en contraste, permite que la voluntad, el
consentimiento y las preferencias de la persona en condición de discapacidad
sea lo que prevalezca ante una decisión. Conforme a ello, mencionó que la
Ley 1996 de 2019 es un desarrollo normativo que obedece a los estándares
internacionales establecidos, primordialmente, en el artículo 12 de la
Convención sobre los Derechos de Personas con Discapacidad de las
Naciones Unidas. Al respecto señaló:
“Es vital conocer quién es la persona, cómo se comunica, cuáles son sus
preferencias, cómo toma decisiones, cuál es su red de apoyo. Con este
conocimiento se deben determinar los apoyos que necesita y quién o
quiénes la van a apoyar en la toma de decisiones. Los apoyos facilitan la
toma de decisiones de la persona con discapacidad, de acuerdo con sus
preferencias y respetando su voluntad”.
Explicó que “el sistema de apoyos consiste en un conjunto de estrategias y
acciones que facilitan la toma de decisiones, para el ejercicio de la
capacidad jurídica de las personas con discapacidad, de acuerdo con sus
preferencias y respetando su voluntad”. De esa manera, precisó que el apoyo
asume un rol distinto, pues se trata de una asistencia que respeta ante todo la
voluntad de la persona con discapacidad y no sustituye su actuación. Para
conocer las preferencias de una persona con discapacidad, adujo el
interviniente, basta con indagar a sus familiares o redes de apoyo, quienes
sabrán y conocerán las preferencias para la toma de decisiones conjunta.
Explicó que las creencias que estiman que las personas con discapacidad no
se saben expresar o no conocen sus preferencias, se sustentan en prejuicios y
actitudes discriminatorias que las instituciones públicas deben cambiar.
Finalmente, la organización interviniente formuló una serie de acciones que
deben realizarse para implementar de manera efectiva el sistema de apoyos
que trae la Ley 1996. Al respecto, consideró que existen cinco retos: (i)
“reconocer a la persona como individuo social”, (ii) “ubicar a la persona en el
centro de todo proceso”, (iii) “conocer a fondo a la persona con
discapacidad”, (iv) “identificar los apoyos disponibles y requeridos” y (v)
“registrar y formalizar la información en un documento de acuerdo”. Con
base en lo anterior afirmó que se parte del todo de los argumentos de las
demandas porque “nuestra experiencia vivencial ha sido que estas miradas
hacia las personas con discapacidad como seres necesitados, dependientes o
enfermos han generado precisamente su exclusión, rechazo, encierro,
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