6/8/2020
HJ System - Decision: SENTENCIA 13/2009
acerca de la infrarrepresentación de la mujer en la actividad política, citando el Informe de Desarrollo Humano
2004, del programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, que arroja para el Estado español un porcentaje
de mujeres con cargos de gobierno a nivel ministerial del 17,6 por 100, y del 26,6 por 100 en el ámbito de la
representación parlamentaria. En particular, en el caso del País Vasco, el porcentaje de mujeres que ocupaban
escaño en el Parlamento Vasco tras las elecciones de 2001 era del 32 por 100, elevándose al 53,3 por 100 tras los
comicios de 2005 y con la aplicación de los preceptos que ahora se recurren, lo que refleja de manera más real la
composición de la sociedad vasca, cuya población es de 1.035.863 hombres y 1.079.416 mujeres.
Por cuanto hace al concepto de ciudadanía a efectos de elegibilidad alega el Parlamento Vasco que nada puede
ser más erróneo que entender que la paridad en las listas electorales supone la creación de una diferencia interna
dentro de la categoría de ciudadano. Las normas impugnadas no suponen un cambio en el concepto
constitucional de la representación política, ya que este concepto se establece siempre entre el conjunto del
electorado y el conjunto de los representantes. Es decir, la única relación constitucionalmente admisible y
jurídicamente relevante es la que se establece entre el conjunto de los representantes y el conjunto de los
representados. Las normas en cuestión no suponen modificaciones que puedan equipararse a las formas de
democracia corporativa: en primer lugar, porque el cuerpo electoral no se divide en sexos; en segundo término,
porque no se impone a las personas votar sólo a los candidatos del mismo sexo; y, finalmente, porque los
elegidos representan a la ciudadanía de la Comunidad Autónoma, o del Territorio Histórico, en su conjunto, y no
a los intereses de un grupo sexual determinado. Por otra parte, alega el Parlamento autonómico, siempre será
más garantista para los derechos ciudadanos el establecimiento del criterio de la paridad con carácter general
parta todos los partidos que dejarlo al albur de las sensibilidades de cada uno de ellos, como sucedía antes de la
Ley 4/2005.
De otro lado la insinuación de que el interés general quedaría sustituido por una suerte de intereses parciales no
tiene sentido (según se alega) si se comprende que la composición paritaria de géneros no obedece más que a la
propia naturaleza de la sociedad. Precisamente el carácter congénito de la división en géneros hace que la
distinción no sea manipulable y que no puedan percibirse intereses específicos de hombres y mujeres, fuera de la
propia lucha por la igualdad, que no es un interés de un sector, sino de todos. La implantación de la paridad
responde al concepto de la denominada “política de la presencia”, según el cual la presencia paritaria de ambos
sexos se sostiene en las ideas de justicia (como reversión de una opresión histórica), relevancia simbólica
(necesidad de modelos positivos para identidades marginadas), favorecimiento de la apertura de la “agenda
política” a temas habitualmente excluidos de la misma, y posibilidad de lograr una defensa más enérgica de las
“políticas de igualdad”. “En definitiva, una Asamblea representativa paritaria entre géneros refleja mejor la
composición de la sociedad, y ello sin fragmentar la representación política ni alterar la defensa de los intereses
sociales existentes. La exigencia de que las candidaturas tengan una composición paritaria entre ambos géneros
cabe dentro de la libertad del legislador que, en respuesta a una aspiración constitucional de igualdad entre
hombres y mujeres, favorece la participación de la mujer en las instituciones representativas”.
Tampoco admite el Parlamento Vasco que se haya vulnerado el principio de igualdad en relación con el sufragio
pasivo, cuestión ésta que, si bien ya se ha tratado en alegaciones precedentes, entiende la Cámara que merece un
tratamiento específico, por su relevancia. Afirma a este respecto que no le parece adecuada la referencia hecha
en el recurso al art. 68.5 CE, pues aquí se trata de la regulación de unas elecciones autonómicas y, además, ese
precepto constitucional no implica, por sí mismo, nada en contra de la paridad.
Respecto del principio de igualdad la Cámara hace una doble precisión: primero, que la Ley impugnada no
rompe la universalidad de la categoría de ciudadano; segundo, que el sufragio pasivo es un ámbito en el cual, no
sólo es admisible constitucionalmente la acción positiva (plasmada en este caso en forma de paridad), sino que
resulta especialmente adecuado para ello. En cuanto a lo primero, tras subrayar que ni se afecta al sufragio
pasivo ni se liga a unos representantes con una categoría de electores, alega la Cámara que se trata estrictamente
de una acción en pro de la igualdad que, de facto, opera como acción positiva a favor de la participación de
mujer en la vida política y como respuesta a una situación de hecho, no atentando contra la universalidad de la
representación. En cuanto a lo segundo sostiene que es la propia doctrina constitucional la que legitima las
acciones positivas a favor de la igualdad de sexos (SSTC 28/1992, FJ 3; ó 220/1992, FJ 2, entre otras,
destacando muy especialmente el ATC 309/2003, favorable a las medidas de paridad), sin que pueda olvidarse
https://hj.tribunalconstitucional.es/en/Resolucion/Show/6432
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