6/8/2020
HJ System - Decision: SENTENCIA 13/2009
asimismo en la de índole sustancial recogida en el art. 9.2, que obliga a los poderes públicos a promover las
condiciones para que la de los individuos y de los grupos sea real y efectiva” (STC 216/1991, de 14 de
noviembre, FJ 5). En otros términos, “el art. 9.2 CE expresa la voluntad del constituyente de alcanzar no sólo la
igualdad formal sino también la igualdad sustantiva, al ser consciente de que únicamente desde esa igualdad
sustantiva es posible la realización efectiva del libre desarrollo de la personalidad; por ello el constituyente
completa la vertiente negativa de proscripción de acciones discriminatorias con la positiva de favorecimiento de
esa igualdad material” (STC 12/2008, FJ 4). El art. 9.2 CE, en definitiva, “encomienda al legislador la tarea de
actualizar y materializar la efectividad de la igualdad que se proyecta, entre otras realidades, en el ámbito de la
representación, correspondiendo a este Tribunal Constitucional la función de examinar si las decisiones
adoptadas al respecto son acordes con el marco constitucional aquí definido. … Del art. 9.2 CE, y de la
interpretación sistemática del conjunto de preceptos constitucionales que inciden en este ámbito, deriva la
justificación constitucional de que los cauces e instrumentos establecidos por el legislador faciliten la
participación de todos los ciudadanos, removiendo, cuando sea preciso, los obstáculos de todo orden, tanto
normativos como estrictamente fácticos, que la impidan o dificulten y promoviendo las condiciones
garantizadoras de la igualdad de los ciudadanos. En este punto cabe añadir que la igualdad sustantiva no sólo
facilita la participación efectiva de todos en los asuntos públicos, sino que es un elemento definidor de la noción
de ciudadanía” (STC 12/2008, FJ 4).
11. Por otra parte hemos fundamentado la legitimidad constitucional de la medida impuesta a los partidos por el
art. 44 bis LOREG en la naturaleza de los partidos políticos como asociaciones cualificadas por sus funciones
constitucionales (STC 48/2003, de 12 de marzo) y su condición de “cauce válido para el logro de la
sustantivación de la igualdad formal propugnada por el art. 9.2 CE, precepto éste que dota de legitimidad a las
configuraciones legislativas del estatuto jurídico de los partidos, o de sus actividades con relevancia pública,
orientadas a la realización efectiva de un principio tan fundamental del orden constitucional como es el de la
igualdad (arts. 1.1 y 14 CE)” (STC 12/2008, FJ 5).
El concreto porcentaje establecido por el art. 44 bis LOREG, cifrado en un mínimo del 40 por 100 para cada
sexo en el conjunto de la lista y en cada tramo de cinco puestos, hemos entendido que: “no [supone] un
tratamiento peyorativo de ninguno de los sexos, ya que, en puridad, ni siquiera [plasma] un tratamiento
diferenciado en razón del sexo de los candidatos, habida cuenta de que las proporciones se establecen por igual
para los candidatos de uno y otro sexo. No se trata, pues, de una medida basada en los criterios de
mayoría/minoría (como sucedería si se tomase en cuenta como elementos de diferenciación, por ejemplo, la raza
o la edad), sino atendiendo a un criterio (el sexo) que de manera universal divide a toda sociedad en dos grupos
porcentualmente equilibrados”, con la cual se “persigue la efectividad del art. 14 CE en el ámbito de la
representación política, donde, si bien hombres y mujeres son formalmente iguales, es evidente que las segundas
han estado siempre materialmente preteridas. Exigir de los partidos políticos que cumplan con su condición
constitucional de instrumento para la participación política (art. 6 CE), mediante una integración de sus
candidaturas que permita la participación equilibrada de ambos sexos, supone servirse de los partidos para hacer
realidad la efectividad en el disfrute de los derechos exigida por el art. 9.2 CE. Y hacerlo, además, de una
manera constitucionalmente lícita, pues con la composición de las Cámaras legislativas o de los Ayuntamientos
se asegura la incorporación en los procedimientos normativos y de ejercicio del poder público de las mujeres
(que suponen la mitad de la población) en un número significativo. Ello resulta coherente, en definitiva, con el
principio democrático que reclama la mayor identidad posible entre gobernantes y gobernados” (STC 12/2008,
FJ 5).
El hecho de que la normativa que ahora enjuiciamos no se limite a imponer un porcentaje mínimo del 40 por 100
de presencia en las candidaturas electorales para ambos sexos, sino que, al amparo de la facultad atribuida por el
propio art. 44 bis 1 LOREG a los legisladores autonómicos en orden a la adopción de medidas suplementarias de
promoción de la igualdad (una habilitación que, como adelantamos en la STC 12/2008, FJ 8, “en sí misma …
encuentra cobertura constitucional en el art. 9.2 CE”), se eleve ese porcentaje hasta el 50 por 100 para el caso de
las mujeres, no implica la inconstitucionalidad de los preceptos. En primer lugar porque, según hemos de ver a
continuación, tratándose de una medida de discriminación positiva en beneficio de la mujer se ajusta a las
condiciones de razonabilidad y proporcionalidad exigidas por nuestra doctrina. En segundo término porque la
https://hj.tribunalconstitucional.es/en/Resolucion/Show/6432
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