6/8/2020
HJ System - Decision: SENTENCIA 13/2009
inmediata aplicabilidad del art. 44 bis LOREG garantiza en todo caso que los hombres tengan siempre asegurado
un porcentaje mínimo del 40 por 100 en las listas electorales.
Corrobora la conformidad con la Constitución de la normativa establecida por el legislador autonómico la
consideración de que éste no ha condicionado la composición de las candidaturas con arreglo a “criterios
diferenciadores determinantes de una dialéctica mayoría/minoría, como sucedería si se exigiera la presencia de
un número o porcentaje de personas de determinada raza o de un cierto arco de edad, sino que el criterio
atendido es aquél que en todo caso, de manera universal, divide a la sociedad en dos grupos cuantitativamente
equilibrados. Y en virtud del art. 9.2 CE se persigue que ese equilibrio material se traslade desde la sociedad a
los órganos políticos de representación ciudadana; lo que resulta, de nuevo, coherente con el principio
democrático. Se pretende, en suma, que la igualdad efectivamente existente en cuanto a la división de la
sociedad con arreglo al sexo no se desvirtúe en los órganos de representación política con la presencia
abrumadoramente mayoritaria de uno de ellos. Una representación política que se articule desde el presupuesto
de la divisoria necesaria de la sociedad en dos sexos es perfectamente constitucional, pues se entiende que ese
equilibrio es determinante para la definición del contenido de las normas y actos que hayan de emanar de
aquellos órganos. No de su contenido ideológico o político, sino del precontenido o substrato sobre el que ha de
elevarse cualquier decisión política: la igualdad radical del hombre y la mujer. Exigir a quien quiera ejercer una
función representativa y de imperio sobre sus conciudadanos que concurra a las elecciones en un colectivo de
composición equilibrada en razón del sexo es garantizar que, sea cual sea su programa político, compartirá con
todos los representantes una representación integradora de ambos sexos que es irrenunciable para el gobierno de
una sociedad que así, necesariamente, está compuesta” (STC 12/2008, FJ 7).
El legislador autonómico ha configurando, en definitiva, un sistema con arreglo al cual, a partir de la conjunción
de sus preceptos con el art. 44 bis LOREG, de directa aplicabilidad en los procesos electorales autonómicos, las
mujeres han de tener en las listas electorales una presencia mínima del 50 por 100, mientras que los hombres
sólo tienen garantizado el 40 por 100. Este tratamiento diferenciado encuentra justificación suficiente en cuanto
pretende corregir una situación histórica de discriminación de la mujer en la vida pública, cuya realidad no
necesita, por su evidencia, mayor acreditación, siendo, por lo demás, ilustrativos los datos invocados por el
Gobierno Vasco en su escrito de alegaciones. De otro lado, “[n]o obstante el carácter bidireccional de la regla de
parificación entre los sexos, no cabe desconocer que han sido las mujeres el grupo víctima de tratos
discriminatorios, por lo que la interdicción de la discriminación implica también, en conexión además con el art.
9.2 CE, la posibilidad de medidas que traten de asegurar la igualdad efectiva de oportunidades y de trato entre
hombres y mujeres. La consecución del objetivo igualatorio entre hombres y mujeres permite el establecimiento
de un ‘derecho desigual igualatorio’; es decir, la adopción de medidas reequilibradoras de situaciones sociales
discriminatorias preexistentes para lograr una sustancial y efectiva equiparación entre las mujeres, socialmente
desfavorecidas, y los hombres, para asegurar el goce efectivo del derecho a la igualdad por parte de la mujer
(SSTC 128/1987 y 19/1989). Se justifican así constitucionalmente medidas en favor de la mujer que estén
destinadas a remover obstáculos que de hecho impidan la realización de la igualdad de oportunidades entre
hombres y mujeres … y en la medida en que esos obstáculos puedan ser removidos efectivamente a través de
ventajas o medidas de apoyo hacia la mujer que aseguren esa igualdad real de oportunidades y no puedan operar
de hecho en perjuicio de la mujer” (STC 229/1992, de 14 de diciembre, FJ 2).
La medida examinada es, además de adecuada para la consecución del fin de promoción de la igualdad efectiva
de la mujer, proporcional en sentido estricto, pues no comporta el sacrificio innecesario de un derecho
fundamental sustantivo. Y ello no tanto en razón de que, como recordaremos en fundamentos posteriores al hilo
de la doctrina establecida en la STC 12/2008, no está aquí en cuestión ningún derecho de los hombres ni un
imposible derecho de los partidos, cuanto porque la diferencia entre los porcentajes mínimos/máximos posibles
en todo caso para hombres y mujeres no puede ser calificada de excesiva en atención a la necesidad de corregir
una situación de desequilibrio entre los sexos históricamente muy arraigada. Obviamente esta medida en
concreto (como con carácter general todas las dirigidas a la promoción activa de un colectivo discriminado) sólo
se justifica en la realidad de las circunstancias sociales del momento en que se adopta, de manera que su misma
eficacia habrá de redundar en la progresiva desaparición del fundamento constitucional del que ahora disfruta.
Se trata, en definitiva, de una medida sólo constitucionalmente aceptable en tanto que coyuntural, en cuanto
responde a la apreciación por el legislador de una situación determinada.
https://hj.tribunalconstitucional.es/en/Resolucion/Show/6432
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